A veces, como un gran ejemplar de granizo, golpean preguntas que cuestan entenderlas, que duelen responderlas. Que no se desglosan fácilmente y que gastan mucha felicidad, tomando a este fin supremo de la humanidad, como combustible que, en ocasiones, significa lo único que te mueve el vehículo de la vida, hacia adelante.
¿En qué momento sucedió?, ¿En qué momento empezaste a pagar
esa deuda que debes haber adquirido en alguna existencia ya lejana?
¿Cómo entender el dolor que se siente? ¿Cómo tragarlo, procesarlo
y seguir?
¿En el universo de posibilidades, debemos creer que por
alguna razón sufrimos algunas partes de esto que se llama vida?
¿Qué nos puede enseñar una bola de hielo destinada a caernos en la cabeza?, si no entiendes por qué cae. Si cuando te cayeron las anteriores, creíste haber pagado tu deuda o ¿cuántas cuotas tiene aquella deuda?
Ya es hora que esa inmensidad se ponga de nuestro lado. Y con este fluido
salado que caen de mis ojos hoy, termino de pagar esa deuda. Sin más intereses.
Toda esta vida se pagaron deudas que no son mías y hasta aquí llegué. A partir
de ahora me vuelvo el banco, el acreedor. A mí me deben y ahora cobraré.
¿Es justo? ¿Es correcto? Sí, lo es.
Queda escrito como una regla que se cumplirá a partir de hoy. El universo se pondrá
de mi lado. Vibraremos en alta frecuencia.
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